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PORTADA REFORMA ELECTORAL

REFORMA ELECTORAL: Percepción pública y diagnóstico nacional

La discusión sobre una posible reforma electoral en México ha ganado visibilidad en el debate político y mediático; sin embargo, los datos muestran que esta conversación aún no está plenamente instalada en la opinión pública. La medición nacional de enero de 2026 revela un bajo nivel de conocimiento previo entre la ciudadanía, lo que constituye el primer obstáculo estructural para cualquier intento de reforma con legitimidad social.

Este desfase entre agenda política y percepción ciudadana define el contexto general del estudio y condiciona la lectura de todos los indicadores posteriores.

Bajo nivel de conocimiento: el principal reto de origen

Ante la pregunta “Antes de esta llamada, ¿había escuchado hablar de la discusión de una posible reforma electoral?”, 61.2% de las personas entrevistadas respondió que no, frente a 33.3% que afirmó que , y 5.5% que no supo o no contestó.

Este resultado confirma que la reforma electoral no forma parte del repertorio cotidiano de preocupaciones ciudadanas y que el debate se mantiene, en gran medida, en círculos políticos y especializados. En términos estratégicos, esto limita su capacidad de movilización social y reduce el margen de aceptación inmediata.

A pesar del bajo nivel de conocimiento previo, cuando se consulta directamente sobre el funcionamiento del sistema electoral mexicano, la ciudadanía expresa una postura crítica. Solo 19.9% considera que el sistema funciona bien como está, mientras que:

  • 36.4% señala que necesita algunos cambios,
  • 33.4% considera que requiere una reforma profunda,
  • 10.3% opina que debe cambiarse por completo.

Cuando se mide la necesidad de una reforma electoral en este momento, el tono ciudadano se vuelve más moderado. Solo 11.8% la considera muy necesaria y 15.5% algo necesaria. En contraste, 42.9% la percibe como poco necesaria y 29.8% como nada necesaria.

Este hallazgo sugiere que, aunque la población reconoce áreas de mejora, la reforma electoral no ocupa un lugar prioritario en la agenda pública, desplazada por otros problemas nacionales considerados más urgentes.

Uno de los resultados más reveladores del estudio es la narrativa que predomina sobre el sentido de una reforma electoral. Para 44.9%, una reforma sería principalmente “un distractor que no resolverá problemas”, la opción con mayor porcentaje. Le siguen:

  • 34.1% que la ve como una repartición de poder entre partidos,
  • 13.6% que la interpreta como una forma de reducir costos y privilegios,
  • Solo 7.4% la concibe como una mejora para la democracia.

Este patrón evidencia un clima de desconfianza estructural, donde la ciudadanía atribuye motivaciones políticas y estratégicas al impulso de la reforma, más que una intención genuina de fortalecimiento democrático.

En contraste con la percepción general, existe un punto de acuerdo claro y transversal: la reducción del financiamiento público a partidos políticos. El 54.6% está muy de acuerdo y 26.4% de acuerdo con esta medida, frente a 13.4% en desacuerdo y 5.6% muy en desacuerdo.

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